Inicio / Seguridad / Abusos de autoridad / Comandante Andrew; la vida después del despido

Comandante Andrew; la vida después del despido

*** Por exigir mejoras labores, fue dado de baja de la Policía del Estado de Guerrero, junto a 175 de sus compañeros

*** Ahora es peón de albañil, luego de 30 años de servicio como policía

El tolete y gorra del comandante Andrew, cuelgan de la pared de su cuarto, empolvados y con telarañas.
Jonathan Cuevas/API 

Chilpancingo, Gro. 17 de Enero del 2018.- La última operación de riesgo para Jesús Andrew González dentro de la Policía del Estado, fue el 12 de Mayo de 2017 en Tierra Caliente, cuando el crimen organizado orquestó narcobloqueos en toda la región.  

Recuerda que le llovieron junto a varios de sus compañeros, ráfagas de cuernos de chivo y R-15, y sobrevivió. Dieciocho días después, lo despidieron por exigir condiciones básicas e indispensables para trabajar: chalecos antibalas, mejor armamento, incremento salarial y vehículos en buenas condiciones. 

Ahora es peón de albañil. En lugar de armas carga palas y, su uniforme es una casaca anaranjada, mientras su gorra de policía y tolete, cuelgan en una de las paredes de su casa, llenas de polvo y telarañas.  

30 años de servicio  

El “comandante Andrew”, como le conocen sus ex compañeros policías, nació en 1965 en Ahuacuotzingo. A la edad de 13 años emigró a Chilpancingo, “para buscar la vida”, ante la falta de oportunidades en su región. 

Nueve años después ingresó a la Policía del Estado y hasta mayo de 2017, cumplió 29 años con cinco meses en la corporación. Ahí se fue su vida, sus mejores años y, asegura, no se arrepiente. 

Prácticamente desde que entró a la Estatal, fue comisionado a la Policía Preventiva de Chilpancingo, hasta los 25 años de servicio que fue reagrupada la policía del municipio, es que fue concentrado al Estado nuevamente, y enviado ahora al municipio de La Unión, en los límites con el Estado de Michoacán. 

Luego de un año lo pusieron como encargado del Centro de Cómputo, Control y Comando “C-4”, donde pasó dos años hasta reincorporarse a la parte operativa. 

La última balacera

Jesús Andrew se traslada al pasado al observar un cuadro, recordando los mejores momentos que tuvo como Policía del Estado.

Ya con 51 años a cuesta, Andrew fue enviado a una operación especial en la región de Tierra Caliente, en Mayo de 2017, cuando el crimen organizado orquestó bloqueos y quema de autobuses en las principales carreteras de la zona. 

El objetivo era contener las acciones violentas del grupo conocido como “La Familia Michoacana”, y despejar las vías de comunicación. 

El 12 de Mayo, dos autobuses con varios elementos a bordo, salieron de la capital con destino a San Miguel Totolapan, donde se había centrado el conflicto entre pobladores y policías comunitarios, contra integrantes del grupo criminal conocido como “Los Tequileros”. 

“Como a las dos de la tarde fue cuando nos emboscaron, íbamos a Tierra Caliente, entre Palos Altos y el crucero de Poliutla nos desviaron, íbamos a salvar la carretera porque estaba bloqueada de Palos Altos a Altamirano. Nos desviaron y ahí fue la emboscada”, recuerda el comandante. 

“Se siente feo de que íbamos en el autobús y todos vamos encerrados, y al momento de oír las detonaciones pues todos abolados salimos tratando de escapar, de cubrirnos para repeler la agresión. Tardó más o menos como 45 minutos el tiroteo y aunque logramos repeler la agresión, hubo dos compañeros heridos”, agregó.  

El despido 

Para Jesús Andrew, el despido del Gobierno de Guerrero es una clara injusticia que parte de una necesidad como trabajadores: la supervivencia. 

Él y 175 agentes más, fueron dados de baja el mismo día por el Secretario de Seguridad Pública del Estado, Pedro Almazán Cervantes, con el aval del gobernador Héctor Astudillo Flores. 

Luego de los operativos en Tierra Caliente habían iniciado un paro de labores los últimos días del mes de mayo, para pedir que se les dotara de mejor equipo de seguridad, uniformes, armamento y vehículos en buenas condiciones, porque los que había presentaban fallas mecánicas, desgaste en llantas, frenos y motor. 

También pedían incremento salarial. Andrew como policía primero tenía un sueldo de 5 mil pesos quincenales por arriesgar la vida cada día. 

Al borde del llanto, Andrew relata: “es triste porque el gobierno con el Secretario Almazán nos dejó desamparados, a todas nuestras familias las dejó desamparadas. ¿Se imagina cómo se siente que de la noche a la mañana le digan: está dado de baja? Yo siempre he trabajado bien y en mis archivos se puede ver que no tengo ningún antecedente”. 

“Tantos años para que nomás en un ratito nos dijeran: pasen a firmar su baja. Y ya”, reprochó, sentado junto a su árbol de navidad que aún está encendido. 

Como muchos otros agentes despedidos, este fin de año no tuvo aguinaldo ni bonos, y sobrevivió con un salario de 2 mil 400 pesos a la quincena que gana como peón de albañil. Ahora no hubo regalos, cena de navidad ni bebida. Solo una humilde convivencia con su esposa e hijos que aún dependen de él. 

Andrew calienta dos quesadillas sobre las brasas de una fogata, para almorzar. Así es ahora su trabajo.
El nuevo empleo 

El nuevo empleo del comandante Andrew es lo primero que encontró para poder subsistir. Ahora como antes, le toca comer en la calle pero, esta vez entre cemento, varillas, palas y grava. 

Pero de lo malo, ha aprendido a tomar las cosas buenas. Dice que hay cosas que no conocía como policía, que ha venido a aprender en la albañilería. Al final, recuerda, es un trabajo honesto. 

Mientras seguía recordando sus 30 años como policía, Andrew mostraba algunas fotografías enmarcadas de sus misiones en diferentes municipios del Estado: Taxco, Altamirano, La Unión, etcétera. 

En contraste, su celular está repleto ahora de fotografías en obras de reparación de calles y construcciones. En una de ellas se observa al comandante sentado bajo los rayos del sol, en una terreno pedregoso, calentando dos quesadillas sobre las brasas de una fogata. 

El proceso de cambio para él y su familia ha sido complicado, pero el instinto de supervivencia lo ha llevado a buscar nuevas opciones a pesar de su edad. 

La lucha 

Siete meses después del despido, Andrew continúa luchando por una liquidación justa, acorde a sus 30 años de servicio, o para que sea reintegrado a la Policía del Estado. 

En la misma situación están 125 de sus compañeros que se han negado a recibir una cantidad mínima, fija para todos, como finiquito. Los otros 50, aceptaron el año pasado un ofrecimiento del Gobierno de Guerrero, que no superaba los 150 mil pesos por haber arriesgado la vida tantos años. 

Piden que se les liquide conforme a derecho, y para ello a han acudido a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, en donde lejos de ayudarlos, el ombudsman Ramón Navarrete Magdaleno les ha “aconsejado” tomar la opción que les da el gobierno. 

Pero ellos han seguido la ruta legal y realizaron la demanda laboral correspondiente, por lo que están a la espera de que un juzgado federal resuelva el asunto, y ya la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) tiene conocimiento del caso, por lo que también están esperando una respuesta. (Agencia Periodística de Investigación)


Acerca Cuevas

Mira también

Anuncian protestas escuelas saqueadas de Chilpancingo, para exigir seguridad

Bernardo Torres/API Chilpancingo, Gro. 22 se Febrero del 2018.- Las tres escuelas de la Colonia …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.