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‘Levantan’, golpean y asaltan a periodista que cuenta con medidas cautelares, en Guerrero 

*** El director del periódico Diario Alternativo, fue interceptado por hombres armados cerca de un retén militar en Acapulco 

*** El Mecanismo de Protección de la Secretaría de Gobernación no atendió el caso “porque el personal estaba de vacaciones”  

API

Jonathan Cuevas/API 

Chilpancingo, Gro. 02 de Enero del 2018.- El periodista Julián Chepe, director del periódico “Diario Alternativo” con distribución en la región Costa Chica de Guerrero, fue interceptado, ‘levantado’, torturado, asaltado y abandonado atado y desnudo, en la carretera Acapulco-Pinotepa, cerca de Barra Vieja. 

Este hecho se registró a pesar de que el comunicador cuenta con supuestas medidas cautelares por parte del Secretaría de Gobernación, cuyo persona no atendió la denuncia porque “se encontraban de vacaciones”. Además, el acto se registró cerca de un retén militar que se negó a atender una petición de ayuda que hizo el periodista, minutos después del atentado. 

Por medio de un comunicado, Julián Chepe informó que el hecho sucedió en vísperas de la navidad, a pesar de que el Gobierno de Guerrero y de Acapulco, que dirigen Héctor Astudillo Flores y Evodio Velazquez, presumieron como éxito total el arribo de turistas y despliegue de seguridad para salvaguardar a los visitantes, mientras que “los demás guerrerenses quedaron a la deriva, sin protección”, lamentó. 

En el relato de los hechos, señala que la tarde del sábado 23 de diciembre, a las 14:00 horas aproximadamente, viajaba en una camioneta Nissan NP300 doble cabina, color azul marino, modelo 2017, sobre la carretera federal 200 Acapulco-Pinotepa Nacional, con dirección a Marquelia. 

Aproximadamente en el kilómetro 35, (dos kilómetros antes del crucero que comunica con el poblado Barra Vieja, perteneciente al municipio de Acapulco), lo interceptaron dos camionetas con hombres que portaban armas largas y cortas, abordo de una camioneta tipo Jeep Liberty, color negra u oscuro.  

“Se me emparejó para sonar su claro. Volteando a ver la camioneta observé que dos de sus tripulantes me apuntaron con sus armas, haciéndome señas para que detuviera la marcha de la camioneta, para, inmediatamente cerrarme el paso, bloqueando la carretera federal en ambos carriles”, señala Julián. 

Y continúa: “Alcancé a ver que de la camioneta tipo Jeep Liberty se bajaron cuatro hombres, todos armados, por lo que, estando dentro de la camioneta, levanté mis manos en señal de rendición; ellos, al llegar frente a mí, inmediatamente me insultaron y me empezaron a golpear pidiendo que me bajara de la camioneta, pasándome hacia los asientos traseros de la misma, golpeándome en todo momento, manteniéndome con la cabeza agachada y amenazándome con quitarme la vida”. 

Ya estando en los asientos traseros, le dijeron que se acostara en el piso bocabajo, y siguieron con los golpes. 

A la camioneta se subieron por lo menos tres hombres armados e hicieron maniobra para girar y dirigirse hacia Acapulco, en un tramo de unos 800 o mil metros y se introdujeron en una brecha de terracería, a unos 300 metros.

“En este trayecto sufrí violencia física y psicológica. Al detenerse la camioneta, todos los hombres armados me empezaron a golpear y, amenazándome en todo momento con quitarme la vida, aseguraron que les dijeron que ya sabían quién era y que yo traía una fuerte cantidad de dinero”. 

“Después de unos minutos de tortura física y psicológica me introdujeron a un terreno, donde, con más golpes, me quitaron toda mi ropa, amarrándome de las manos hacia atrás y los pies también, sentenciando mi muerte nuevamente”, abundó. 

Cuando lo dejaron de golpear y ya estando amarrado bocabajo, un hombre lo interrogó preguntándole de dónde venía, para dónde iba, si venía con otro carro acompañándolo, cuánto dinero traía, y si traía pistola en la camioneta.

Al responder todas sus preguntas, dijeron que lo dejarían con vida en esta ocasión, pero se llevaron todas sus pertenencias, asegurando que si los denunciaba acudirían a su domicilio a terminar el trabajo, interpretandose que lo matarían si fuera el caso.

Una condición más para dejarlo con vida, cuenta Julián, fue que no gritara durante tres horas y después pidiera ayuda, si no, ellos lo matarían, pues uno de ellos se quedaría cerca, vigilándome.

“Después de un rato, logré escapar de donde me dejaron amarrado, saliendo a la carretera federal a pedir auxilio, dos taxis se detuvieron y uno de los choferes me regaló una playera, al mismo tiempo que me indicó el carril con dirección a Pinotepa Nacional, diciéndome que el retén del Ejército y de la Policía Estatal estaba cerca, negándose a llevarme, pues iba en dirección opuesta (haciendo referencia al retén que se encuentra en el crucero que comunica con Barra Vieja)”, señala. 

El relato precisa: “Poco después conseguí que una camioneta tipo Urvan, del servicio público de la ruta San Marcos-Acapulco, me llevara al crucero de Barra Vieja, en la misma carretera Acapulco-Pinotepa Nacional, donde está instalado un retén permanente del Ejercito mexicano, en conjunto con la Policía Estatal”. 

“Al llegar con ellos me identifiqué de palabra con los oficiales, enfatizando que cuento con -‘medidas cautelares’, notificándoles lo sucedido; sin embargo, los oficiales presentes me dijeron que nada podían hacer y sólo se dedicaron a tomar mis datos, por lo que me retiré del lugar al no encontrar apoyo de las autoridades mencionadas, quienes al final me dijeron que debía denunciar lo sucedido en el servicio telefónico de emergencias 911”. 

Al llegar a Marquelia continuó haciendo varias llamadas a los teléfonos de emergencia que tiene por las medidas cautelares, los cuales nunca respondieron; asimismo, acudió con el médico legista para que certificara las lesiones.

Más tarde llamo al número 911, donde se negaron a tomar su denuncia por no contar con los datos totales de la camioneta que le fue robada.

En este asalto y levantón le fue robada una camioneta Nissan NP300, su teléfono celular, tarjetas de débito, credenciales y un portafolio con documentación personal y de trabajo.

“Por lo anterior, temo por mi vida, debido a que los maleantes tienen todos mis datos personales, siendo un blanco ahora más fácil ante cualquier agresión que pretenda perpetrarse contra mí. Me es imposible reconocer si fui objeto de una agresión directa a mi persona para meterme miedo y debilitar mi trabajo periodístico, o fui un caso más de violencia en México; lo que sí puedo decir es que ahora tengo más temor y siento claramente que mi vida corre peligro”, indica el comunicador a través de su escrito. 

Luego acusó que en Guerrero y particularmente en Acapulco, reina la impunidad y las corporaciones policiacas y agencias del Ministerio Público, en su mayoría, son controladas por bandas de la delincuencia organizada o están al servicio o en colusión con ellas, “por lo que, al presentar la denuncia correspondiente en la agencia del MP en Acapulco, prácticamente estaré dando aviso del hecho a las personas armadas que me hicieron esto”, advirtió.

Ante estos hechos exigió a las autoridades municipales, estatales y federales intervención para dar con los responsables, “quienes como dijimos trabajan en conjunto con los delincuentes”, enfatizó. (Agencia Periodística de Investigación)

Acerca Cuevas

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