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Juan Carlos; aprendiendo a subsistir en tierra propia 

*** Con Donald Trump el sueño americano se convirtió para los guerrerenses en un “sueño frustrado”

Edgar de Jesús/API

Tecpan de Galeana, Gro. 22 de Marzo del 2017.- De forma gradual, decenas de mexicanos que estuvieron radicados en Estados Unidos regresan a sus lugares de origen sin haber sido deportados, solo por el temor a ser detenidos en aquel país. La lucha por la subsistencia ahora continúa aquí, en la tierra que muchos dejaron por un sueño frustrado. 

A mes y medio de haber tomado el cargo como presidente de los Estados Unidos de América (EUA), Donald Trump ha hecho adecuaciones a la Ley Migratoria y con ello la detención de mexicanos indocumentados.

Pero muchos paisanos no esperan a ser deportados. Los tantos discursos discriminatorios y de odio lanzados por Trump, han provocado que cientos de latinoamericanos salgan por cuenta propia de ese país. Al Estado de Guerrero van llegando gradualmente, abandonando el sueño que los llevó a emigrar, y adoptando nuevas estrategias de subsistencia. 

En su mayoría han optado por dedicarse a labores del campo. Por ejemplo, en la región Costa Grande se suman a la bajada de cocos.

En este oficio, muchos de los que han regresado tratan de ganarse la vida, a pesar de que es uno de los trabajos más riesgosos y mal pagados.

El bajar un coco de su palmera implica trabajar en las alturas, sin las medidas de seguridad suficientes y, con el riesgo de que el propio producto caiga sobre los bajadores, pues esto podría provocarles la muerte. 

Juan Carlos Solís Lucas vivía y trabajaba en el vecino país, pero por decisión propia ante el temor de ser detenido, humillado y agredido, decidió volver a Tecpan, llegando a la comunidad Villa Rotaria ubicada a 20 minutos de la cabecera municipal. Es uno de los bajadores de cocos.

En una charla con el migrante, dijo que decidió regresar de ese país “porque la cosa se estaba poniendo fea para los mexicanos”. Junto con otros ilegales también de Tecpan, decidieron abandonar el “sueño americano” y buscar la forma de ganarse la vida en su tierra natal. 

“Somos siete en el grupo, todos nos dedicamos a la bajada de cocos, como se ha hecho siempre, con varas o escalando”, relató.

Las varas de carrizo son conseguidas en la Sierra debido a su dureza y maleabilidad. Y mientras algunos se alquilan como bajadores con sus varas, otros lo hacen con cuerdas que usan para subirse a la palmera y destrabar de las pencas. Cualquiera de las dos opciones, significa un enorme riesgo. 

Solís Lucas indicó que la jornada laboral por la que se autoemplean es de 500 a 600 pesos, dependiendo de las huertas de las que sean tumbados los cocos, que después serán jimados y sacados para ser expendidos por los dueños de las huertas.

“La presencia de enjambres de abejas en lo alto de las palmeras y los cortes ocasionados por el filo de las navajas”, son otros de los riesgos, dijo Juan Carlos.

Pero este joven es tan solo uno de los miles de casos de migrantes mexicanos que regresan a sus lugares de origen sin tener opciones para vivir cómodamente, pese a los programas de apoyo a migrantes que ha anunciado el Gobierno Federal que, al menos en Guerrero no han servido de mucho. (Agencia Periodística de Investigación)

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