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Nuevo Balsas; a un paso de la vida o la muerte

*** Guerreros Unidos y Familia Michoacana asechan a los pobladores porque han desterrado a sus cobradores de cuota y líderes

*** Como acto de represalia mantienen rodeado el pueblo, lo que ha derivado en la suspensión del transporte público, comercio y clases 

*** Una base militar instalada en apoyo a la Policía Comunitaria de esa comunidad, es resguardada por un policía privado; no hay un solo efectivo castrense  

*** “No es que seamos valientes, estamos obligados a luchar contra el narco”; dice el Comisario y Comandante 

Jonathan Cuevas/API

Cocula, Gro.- En Nuevo Balsas, Guerrero, los pobladores se preguntan si un delincuente tiene más derechos que los ciudadanos dedicados a la pesca, minería o la agricultura. Hoy, dos sanguinarios grupos del narcotráfico los asechan y les impiden salir de su comunidad. Solo dentro de sus tierras se sienten seguros porque armaron su propia policía comunitaria, pero también se sienten secuestrados.

El transporte público ha sido bloqueado así como el comercio, mientras que maestros y médicos están amenazados, por lo tanto las clases han sido suspendidas desde el 25 de mayo y, el médico también dejó de ir al pueblo durante más una semana pero, decidió regresar arriesgando su vida.

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Camino a Nuevo Balsas; al fondo, la Mina que provoca enorme daño ambiental.

Tierra de oro, explotada

La comunidad de Nuevo Balsas se encuentra sobre los márgenes del río Balsas en el municipio de Cocula asentado en la región norte del Estado de Guerrero.

Hace 6 años se refundó y se le agregó a su nombre “Nuevo”; antes era solamente “Balsas”.

La llegada de la empresa canadiense “Media Luna” y la construcción de una mina en parajes de Balsas, La Fundición, Atzcala y Real del Limón, trajo consigo esperanza para esa zona rica en minerales, flora y fauna, pero alejadas de la urbanización, sin servicios básicos ni avances tecnológicos.

La actividad económica de la gente en esta zona tenía que darse con la pesca, agricultura o, muchos ciudadanos, principalmente los jóvenes preferían emigrar a los Estados Unidos para tener una mejor oportunidad de vida.

En 2009 los cuatro pueblos se vieron beneficiados con trabajo tras la llegada de la minera. En el caso de Balsas, el pueblo prácticamente se refundó. Con la ayuda de la empresa canadiense, las familias alejaron unos metros sus viviendas de la corriente del río. Para 2013, el antiguo pueblo ya deshabitado, quedó inundado durante una temporada de huracanes.

La minera también trajo mejoras en servicios básicos, lo que correspondía hacer al Gobierno Mexicano pero jamás pudo, o no quiso.

Otro de los beneficios fue la tecnología. Hoy, Nuevo Balsas, a pesar de ser una de las comunidades más alejadas de la cabecera municipal (Cocula), tiene una red de telecomunicaciones que incluye internet y telefonía, incluso, más eficiente que en la propia cabecera.

Pero a cambio Media Luna empezó a construir una mina y así ha sido los últimos 6 años. Los cerros que rodean al río más grande de Guerrero ahora se observan “palones”, como se dice coloquialmente, es decir, sin flora ni fauna, producto de la construcción de la mina.

Para la temporada de sequía de este 2016, la corriente del río bajo en gran manera, más que en años anteriores y eso se puede observar a simple vista. Ahora en Nuevo Balsas hay más carreteras, tecnología y servicios, un mejor desarrollo y urbanización, pero también se está acabando poco a poco la flora y fauna; el río, las montañas y en poco tiempo la salud de la gente, según expertos consultados.

A esto, ay que precisar que la construcción de la mina duró de 2009 a 2015 y, apenas este año empezó a ser explotada. El Gobierno Mexicano y la empresa canadiense creen que esta será la zona de mayor extracción de oro del país, como lo es ahora en Carrizalillo, otra comunidad cercana al río Balsas en Guerrero.

El éxito para ellos ya se hizo notar desde los primeros tres meses de extracción en esta zona, con 38 mil onzas de oro, lo que es más de una tonelada o 1077.2819 en gramos.

El destierro de un capo

Policía Comunitaria de Nuevo Balsas. (Fotografía: Jonathan Cuevas/API)
Policía Comunitaria de Nuevo Balsas desterró en 2013 a “La Burra”, líder de la Familia Michoacana en la región. (Fotografía: Jonathan Cuevas/API)

Así como ha traído beneficios, la minera también ha dejado perjuicios; uno de ellos es la ambición del narcotráfico.

Uno de los objetivos del crimen organizado en la zona además de usarla como rutas para el tráfico de drogas, era obtener un beneficio económico millonario con el cobro de cuota a la minera canadiense. Pero no se conformó con eso pues también se empezó a extorsionar a los pescadores, campesinos, mineros y en general a las familias del pueblo.

El 13 de diciembre de 2013, el señor Rogelio Hurtado logró conformar la Policía Comunitaria de Nuevo Balsas para auto-defenderse del grupo conocido como “La Familia Michoacana”, que los sometía y extorsionaba desde 2009 cuando se instaló la mina.

Aquel año, un poblador de Balsas, Uriel Vences Delgado, de forma repentina empezó a operar desde adentro de la comunidad para “La Familia Michoacana” que en aquel tiempo se extendía rápidamente desde la Tierra Caliente hacia el norte y centro de la entidad.

Vences es mejor conocido como “La burra” o “el 50” y pronto se colocó como jefe de la Familia Michoacana en esta zona de Guerrero, operando en todo el municipio de Cocula y algunos pueblos de Cuetzala e Iguala.

En el año 2013, “La burra” ya era uno de los sicarios más temidos de la región y tenía sometido a Nuevo Balsas. No se compadecía de su pueblo donde también cometía abusos; robaba, extorsionaba, secuestraba, asesinaba y hasta violaba a las mujeres.

Por eso la gente del pueblo decidió tomarle la palabra a Rogelio Hurtado a quien el movimiento armado de autodefensa le costó la vida, pues fue asesinado en una emboscada de la Familia Michoacana el 10 de enero de 2014.

Desde entonces quedó a cargo de la policía comunitaria Marcos Valentín quien es también ahora comisario de la localidad.

El comandante es un hombre como de 45 años, piel morena y semblante bonachón, aunque bastante desconfiado, entendible en una zona asechada por el crimen organizado.

Cuenta que de joven le gustaba el básquetbol. Lo practicaba junto a “La burra” que, en aquel tiempo era un niño querido en el pueblo, juguetón y travieso, “como cualquier otro”.

“Nos conocimos de chamacos (con la burra). Yo me gustó mucho el basquetbol y él no se ocupaba de eso (cometer ilícitos)”, recordó.

Con el paso del tiempo cuando Uriel Vences creció y empezó a operar para la Familia Michoacana, fue desterrado por todo el pueblo en un movimiento encabezado por la Policía Comunitaria.

Entonces “El 50” se instaló en ranchos cercanos al pueblo y empezó su venganza con el secuestro de mineros y pobladores, lo que generó decenas de enfrentamientos armados entre la policía comunitaria y el brazo armado del narcotráfico.

Así ha sido desde diciembre de 2013 a la fecha. “La Burra” merodeando en los alrededores de Nuevo Balsas y la Comunitaria persiguiéndolo, logrando catearle ya al menos dos propiedades.

La intervención del Ejército y Policías en esta guerra casi no se ha visto, a pesar de que en 2014 y 2015, los pobladores han protestado bloqueando los trabajos de la minera porque solo de esta forma los ha volteado a ver el gobierno federal y de Guerrero, comprometiéndose a brindarles seguridad permanente.

En Febrero de 2014 incluso se instaló una base de operaciones del 27 Batallón de Infantería en el pueblo, pero ha operado “por temporadas” o “por días”. Por ejemplo, apenas el primero de Junio había llegado un pelotón a instalarse en la base pero, se pudo comprobar que para el viernes 3 de este mismo mes, ya no estaban y el cuartel era resguardado por un policía privado.

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Pescadores de Nuevo Balsas mantienen varados sus trabajos por temor a sufrir algún atentado y porque no pueden llevar su producto fuera del pueblo.

Otro grupo al asecho

Aunque la lucha contra la Familia Michoacana no termina, otro grupo del crimen organizado ha intentado ya entrar y apoderarse de Nuevo Balsas. Ahora, tienen que lidiar también contra Guerreros Unidos, el mismo cartel que persiguió, capturó, asesinó y desapareció a los estudiantes de Ayotzinapa en Iguala, el 26 de septiembre del 2014.

Aunque el Gobierno Federal ha afirmado que está desarticulando a esta organización, los pobladores de Nuevo Balsas son fieles testigos de que siguen operando impunemente y, más aún, intentan extender su reinado.

El pasado 21 de mayo los pobladores de Balsas capturaron a cinco personas que habían acudido a cobrar cuota a los pescadores del pueblo. Un peso por cada kilo que se comercializara, era lo que exigían.

En Nuevo Balsas casi la mitad de los pobladores se dedica a la pesca y, existen 9 cooperativas constituidas formalmente y tres en proceso. Cada pescador genera entre 12 y 15 kilos por día y, cada cooperativa logra unos 600 kilogramos semanales. Por las 12 agrupaciones se comercializan más de 7 toneladas.

La cuota general aproximada para el narco sería de entre 28 y 30 mil pesos mensuales, tan solo de la parte del pueblo dedicada a la pesca, pero se negaron.

Los cinco extorsionadores capturados fueron identificados como: Adriana Rodríguez Fierro de 24 años, Zaira Juárez Hernández de 19, Maritza Juárez Hernández de 25, Asahel Benjamín Ramírez García de 39 años e Isaac Soto Estrada de 18 años, todos vecinos de Iguala.

Aquella tarde la gente amenazaba con quemarlos vivos pero finalmente fueron entregados a la Policía Federal. Aunque se les siguió un proceso legal tras la denuncia formal presentada por los pescadores del pueblo ante el Ministerio Público, hoy corre el rumor de que ya fueron liberados, lo cual no ha sido aclarado por ninguna autoridad.

Pero el mayor problema para Nuevo Balsas vino después de este hecho porque en represalia, Guerreros Unidos les ha bloqueado el paso hacia Cocula y Iguala por la carretera principal y caminos rurales.

Los sicarios de esta organización criminal se han encargado de amenazar a transportistas, médicos, maestros y compradores o acaparadores de pescado, al grado de haber volcado dos unidades del servicio público que intentaron brindar el servicio después del 24 de mayo que lanzaron la amenaza. Desde entonces, todo tipo de servicio o actividad está suspendida.

Las escuelas José María Morelos y Pavón y Amado Nervo, así como el Jardín Tomás Alba Edison permanecen sin clases hasta la fecha mientras que la secundaria y tele-bachillerato pudieron continuar “a medias” con sus labores porque la mayoría de los docentes son locales.

Las combis no llegan al poblado y el médico del pueblo, un pasante de medicina proveniente del Estado de México que había suspendido por más de una semana su servicio, decidió continuar son su actividad arriesgando su vida.

El comisario y principales líderes de la Policía Comunitaria también han sido amenazados. Nadie del pueblo puede cruzar hacia Cocula o Iguala porque en las carreteras los esperan los sicarios de Guerreros Unidos que incluso han instalado retenes carreteros.

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De playera roja, Marcos Valentín, Comisario de Nuevo Balsas y Comandante de la Policía Comunitaria.

“¿Quién tiene más derechos?”

El comisario Marcos Valentín ha rogado una y otra vez el apoyo del Ejército y la Policía Federal o Estatal para defenderse de los dos grupos de crimen organizado que los asechan, pero la respuesta de las autoridades ha sido muy limitada.

También, ha pedido el apoyo de medios de comunicación que, ante la situación de riesgo en la zona, se han negado a ir. Por tanto, finalmente al lograr platicar con un grupo de reporteros que llegaron a la comunidad, se muestra desconfiado pero pide una vez más a través de las cámaras que el mensaje se haga llegar al Gobierno de Guerrero y de la República.

“Ustedes mismos ven. ¿Dónde están las combis? Ahorita había venido el Ejército pero nosotros nomás pedimos que hagan su trabajo, solo eso. No le echamos la culpa a la Mina pero la delincuencia se ha acercado, por eso queremos que en verdad el gobierno se preocupe y haga su trabajo”, pidió.

Cuando se le preguntó al comandante de la Comunitaria cómo hace la gente para surtirse de alimentos y productos, con desconfianza respondió que no podía decirlo por propia seguridad del pueblo, pero recalcó no hay servicio público ni clases en las escuelas de nivel básico.

“Pues los maestros tienen miedo y quién no va a tener miedo si saben que hay inseguridad”, recalcó.

Aclaró que en Nuevo Balsas la gente se siente segura gracias a la Policía Comunitaria pero, “el peligro es de la carretera pa´ afuera, ir a otro pueblo o a Cocula o Iguala. Aquí uno conoce a la gente y estamos seguros porque no nos dejamos de nadie”.

El señor Marcos también aclaró que ellos no se meten con la producción o el tráfico que hace el narcotráfico, pero en lo que no están de acuerdo es en el cobro de cuotas o las extorsiones, los secuestros y demás abusos que pretenden cometer, en este caso La Familia Michoacana y Los Guerreros Unidos.

“Nosotros no dependemos de ningún grupo (del crimen organizado), nosotros somos gente de bien y por eso pedimos al gobierno que haga su trabajo”, señala al reconocer que el problema de inseguridad es a nivel nacional pero, aclarando también que “la gente se está cansando en todos lados”.

“Es un problema a nivel nacional también, no sé ni lo que está pasando con el gobierno, cuáles son los derechos de nosotros como personas civiles, hasta dónde llegan, no sé si tienen más derechos las personas malas. Eso es preocupante también”, cuestionó.

El comisario también explicó que a 15 días de la amenaza lanzada por Guerreros Unidos, los pescadores, escuelas y centro de salud reactivan “poco a poco” sus actividades, pero con el miedo de sufrir un atentado o ser asesinados.

“No es que tenga uno valor, ya se ve uno obligado porque estamos a un paso de vida y otro de muerte, nos jugamos la vida y tenemos un pie dentro y otro fuera”, concluyó. (Agencia Periodística de Investigación)

Acerca Cuevas

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