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Desplazados: morir en manos de sicarios o morir en manos del gobierno

*** Las familias de Santa María Sur y El Barroso son ignoradas por el gobierno y requeridas por el crimen organizado 

*** A más de un mes de la huída muestran desesperación por retornar a su tierra, ante la falta de oportunidades en la capital del Estado  

Jonathan Cuevas/API

Chilpancingo, Gro.- Vivían entre el polvo pero jamás les faltó la comida en abundancia. Allá, en lo alto de la sierra refundidos en Santa María Sur, donde los delincuentes más sanguinarios escogieron como refugio. Ahora están inmersos en una enorme mancha urbana y rodeados de edificios, gente “distinguida” y muy diferente a ellos, pero… sin comida ni trabajo, con la opción de no ser ejecutados a tiros pero a cambio, morir de hambre.

Así de fácil es perder la vida para ellos. Pareciera que solo tienen que escoger el lugar donde quedará su cadáver. Allá, junto a sus tierras y animales o, aquí, ante la vista ignorante del gobierno y miles de ciudadanos indolentes.

Desplazados albergados en el INDEG (16)La huída…

El 6 de Junio del año en curso, 250 personas de las comunidades de El Barroso y Santa María Sur, aprovecharon el arribo de militares a la Sierra del municipio de San Miguel Totolapan (donde generalmente no llega el Ejército), para pedirles que los ayudaran a huir de sus pueblos.

En un par de horas, la tarde de aquel día los ciudadanos agarraron lo que pudieron de sus humildes viviendas para subirlo a los camiones militares. Solo se trajeron consigo lo esencial; poco dinero, un par de mudas de ropa, documentos importantes y alguno que otro alcanzó a subir un televisor.

Dejaron allá entre el polvo que abraza al pueblo; muebles, ropas de gala, aparatos eléctricos, juguetes, herramientas de trabajo, las cuatro paredes y el techo de su casa, pero sin duda lo que más les dolió fueron sus tierras de cultivo y los animales que ahora, seguramente mueren de hambre.

El Ejército había llegado hasta aquella zona inalcanzable para muchos, luego de que supuestamente se registró un enfrentamiento donde resultaron varios muertos. Enfrentamiento del que hoy, por temor, nadie habla.

Fue entonces que los pobladores no dejaron pasar la oportunidad y decidieron huir para tener el derecho a la vida, aunque se deshicieran de lo que forjaron toda su vida con mucho esfuerzo. Sus casas y tierras quedaron entre la soledad y los delincuentes. Ahí ya no hay vida.

Bajaron de la sierra aproximadamente tres horas de camino para llegar a la cabecera de Ajuchitlán del Progreso, el municipio vecino. Ahí, ya caída la noche fueron hospedados en la plaza del pueblo. No tenían lujos pero en su pueblo tampoco había, entonces, la diferencia era mínima hasta ese momento.

Incluso, varios, entre la tristeza que los embargaba por dejar su vida en aquellos refundidos pueblos; mostraban alegría por haber tenido la oportunidad de salvar sus vidas.

Fueron atendidos por gente altruista de aquella cabecera, por el gobierno municipal y estatal. Se les dio de comer y beber. Ahí llegaron también los reporteros de la región, los primeros en dar la notica y encender las alarmas de pánico que de por sí rodean a esta entidad.

Todo marchaba “bien” dentro de la desgracia y al día siguiente fueron trasladados a Ciudad Altamirano. De ahí, algunos desplazados tomaron su propio rumbo. Dos familias emprendieron el camino más largo hacia Estados Unidos donde, según versiones de los propios desplazados, lograron obtener asilo político por el gobierno norteamericano.

Varios más se fueron a Jalisco, Michoacán o Morelos. El resto, los más desamparados viajaron a la capital del Estado, Chilpancingo. Cruzaron por Arcelia y Teloloapan, otras de las zonas más peligrosas de la entidad, pero eran resguardados por militares y policías estatales. Así llegaron hasta Iguala donde pernoctaron un vez más. Desplazados albergados en el INDEG (17)

A la mañana siguiente partieron rumbo a Chilpancingo y, tras hora y media más de camino, ya estando en la capital, fueron dejados “a la buena de Dios” por el gobierno. El argumento que dieron los funcionarios del perredista Ángel Aguirre Rivero era que la federación no tiene una Ley para Atención a Desplazados por la Violencia, por lo que el trabajo que les correspondía había concluido.

Pero los desplazados se envalentaron y, con el poco dinero que traían decidieron rentar por su cuenta e iniciar su vida de forma independiente. Pero en la capital las rentas son caras; no bajan de los mil pesos por muy pequeño que sea el espacio. Pudieron pagar solo un mes con sus propios recursos.

Al notar que no podrían sostenerse con eso y que el trabajo no es fácil de encontrar en la ciudad, decidieron ir a Palacio de Gobierno para exigir al gobierno que les ayude a sobrevivir. Entonces consiguieron ser albergados en las instalaciones del Instituto del Deporte del Estado de Guerrero (INDEG), donde acompañarían a otras familias en desgracia; los damnificados por las tormentas del mes de septiembre del año pasado.

El gobierno estatal solo les dio alojamiento mientras que consiguieron que el gobierno municipal a cargo del priista Mario Moreno Arcos, actual aspirante a gobernador; les diera comida diaria.

El arrepentimiento…

A más de 7 días instalados ahí, varios de los 147 desplazados empezaron a sentir arrepentimiento de haber abandonado su pueblo.

Y es que tienen comida, agua y un techo para cubrirse de la noche, pero no opciones para una vida digna, para generar recursos y darle un futuro exitoso a sus hijos.

Doña MaríaDoña María a sus 60 años muestra su arrepentimiento con lágrimas. Es notable entre sus pupilas el dolor, la angustia y la impotencia.

Ella es de El Barroso y junto a su familia no salió resguardada por el Ejército. Ella huyó días antes del arribo del Ejército. Se fue por las amenazas y presiones que habían recibido por parte del crimen organizado y, al ver los últimos hechos de violencia que se habían registrado.

Se fue a vivir con unos familiares a la ciudad de Cuernavaca en el vecino Estado de Morelos, pero vino a Chilpancingo ante el llamado de su comisario que le informó que podían recibir algún apoyo del gobierno para fundar una colonia en otro municipio, lejos de los criminales que los hostigaban.

Por eso llegó aquí pero al momento su futuro se mantiene incierto, en un lugar que no conoce y que es una “urbe” para ella.

El señor Vicente Rayo tiene 80 años según lo que recuerda. Es de Santa María Sur. Está postrado en una silla de ruedas porque tiene un problema de salud conocido como “reumas”. No puede flexionar sus piernas ni sus brazos. El dolor es constante en sus rodillas y codos, pero más en su corazón, según cuenta.

Vive con su esposa e hijo. Tiene dos “nietecitos” que son su adoración. Por ellos decidió abandonar su pueblo, para que no crecieran entre delincuentes que ya se habían apoderado de su comunidad y todo lo que había en ella.

Don Vicente se sinceró un poco más frente a una grabadora, a diferencia de los demás que por miedo, prefieren callar.

“La razón por la que nos venimos fuer por miedo pues. Allá los citaban a toda la juventud, menos a los grandes porque nosotros ya no podemos. Y allá querían que le entraran con ellos pues para ir a caerles a los otros (bandas rivales), pero nuestros jóvenes no querían porque no les convenía meterse en problemas, no querían estar ni pa´ allá ni pa´ acá”, explicó.Don Vicente Rayo (2)

Agregó: “los querían reclutar para ir a caerles a los otros, pero pues la gente tuvo miedo y por eso nos salimos y dejamos todo para evitarnos problemas. Yo tengo mis animalitos y de ahí me iba manteniendo. Tenía chivos, marranitos, gallinas y mi huertita de naranjos”.

Cuando se le preguntó si aquí está realmente mejor que en su pueblo, don Vicente fue claro: “no pues qué vamos a estar mejor, estamos tristes toda la gente que quiere regresar al pueblo, pero la gente lo hizo por no meterse en problemas, por eso dejamos lo que teníamos, para estar libres”.

Dijo que él prefiere regresar a su tierra en vez de estar de “mantenido” por el gobierno que solo rogándole les brinda ayuda. Fue reiterativo en mencionar que “allá estaban mejor”. Esto, aunque él mismo dio a conocer que días antes de su huída, un joven del pueblo fue asesinado de forma brutal, pues también le cortaron las orejas.

Otro de los casos es el de Delfino Macedo Jaimes, es padre de tres hijos y huyó por temor a ser atacados por la delincuencia. Tienes 30 años y está dentro del rango de edad idóneo para ser reclutado, pues a los criminales les interesan hombres desde los 15 años hasta los 40. Los más ancianos ya no.

Delfino jamás olvidará que tuvo que salir de su pueblo como si fuera un delincuente. Desterrado por quienes menos derechos tenían sobre sus tierras. Pero sobre todo, que su menor hija apenas tenía 5 días de nacida, cuando tuvo que huir.

Pero él mostró una postura más moderada. Se guardó muchas cosas y prefirió no hablar de los grupos del narco que los amenazaban.

Lo que si advirtió es que el presidente municipal de San Miguel Totolapan, Saúl Beltrán Orozco, ni siquiera puede subir a la parte serrana de San Miguel Totolapan, pues corre el riesgo de ser atacado. Desde hace mucho no hay recorridos del alcalde en Santa María Sur y los pueblos vecinos. Mucho menos hay obra de impacto.

Pero Delfino afirma que el presidente municipal no es malo, sino que simplemente no puede subir a la sierra para resguardar su propia integridad física.

En marzo, según afirman los pobladores, el edil envío dos camiones llenos de maíz y otros productos como apoyo a los pueblos aledaños a Santa María, pero sobre la carretera que conduce al ejido de San Juan, unos minutos delante de Santa María, los vehículos fueron incendiados y los respectivos choferes “levantados”, sin que a la fecha se sepa algo de ellos.

Pero el alcalde Saúl Beltrán en realidad se ha mostrado indiferente con los desplazados. Cuando salieron huyendo de su pueblo, el edil no los visitó en Ajuchitlán o Altamirano, municipios que están relativamente cerca a San Miguel Totolapan.

El 24 de junio Saúl Beltrán estuvo en la capital porque acudió a un evento organizado por el Congreso del Estado, pero se olvidó totalmente de sus paisanos, pues estando a 5 minutos de distancia en vehículo del refugio, no se preocupó siquiera por saber cómo estaban y visitarlos.

Tampoco el gobernador Ángel Aguirre Rivero los ha visitado, aunque el albergue se encuentra a 200 metros de distancia de Casa Guerrero, la residencia oficial del mandatario. En todo momento los desplazados han sido atendidos por funcionarios de bajo nivel.

Delfino Macedo JaimesDelfino Macedo aclaró que hay mucha gente que está decidida a regresarse a su pueblo, pues la esperanza de encontrar una mejor vida en Chilpancingo se desvanece cada minuto que pasa.

Él ha sido uno de los que se han parado frente a sus paisanos a pedirles que aguantes, que pongan un poco de resistencia para lograr su objetivo. Y los ha logrado alentar con un documento ya redactado donde solicitan al gobernador que los ayude a instalarse en un terreno seguro, a construir sus viviendas y a darles opciones de trabajo. Pero el documento simplemente no ha podido ser entregado ante la desatención del gobierno.

“Aquí nos han traído algo de ropa pero la mayoría no nos quedó. Ya vamos a esperar qué pasa, si la gente dice que nos vamos a dispersar cada quien por su rumbo, pues adelante, aunque ya muchos se quieren regresar”, advirtió.

Añadió: “todavía no se nos olvida que tenemos una casa, que tenemos tierra, animales porque pues nos duele dejar todo. Allá cuando queríamos matábamos un marrano para comer bien, no nos faltaba la comida. Del río sacábamos pescado, la mojarra. Pero pues aquí no podemos ni salir. Si salimos nos registran que a dónde vamos y qué vamos a hacer, nos preguntan hasta a qué hora llegamos”.

“Como dice la canción, nosotros ya no somos ni de aquí ni de allá. Está difícil la vida pero aquí le estamos aguantando para ver hasta cuándo el gobierno se digna a ayudarnos. La verdad hay quienes ya se quieren regresar porque dicen que a que nos muramos aquí de hambre o una enfermedad abandonados por el gobierno, pues que mejor nos maten allá en nuestra tierras. Dicen que si no nos matan los sicarios, nos va a matar el gobierno aquí de hambre”, concluyó.(Agencia Periodística de Investigación)

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